Jun 08 2009
Información
Me llamo Lydia y soy madre de un precioso niño llamado Daniel.
Daniel nació normal y se desarrolló perfectamente hasta que le vacunamos con la triple vírica y enfermó gravemente. El niño comenzó un rápido retroceso perdiendo todo el lenguaje y habilidades previamente adquiridas, empezó a tener problemas de coordinación motora y perdió toda la tonicidad muscular, teniendo dificultades hasta para andar.
La medicina convencional no se pronunciaba sobre la causa de la enfermedad, de hecho todas las pruebas neurológicas , genéticas, etc…, daban resultados normales. La etiqueta que pusieron a su enfermedad, después de muchos meses de estudiarlo para dar un diagnostico, fue Trastorno del desarrollo no especificado, una enfermedad dentro del espectro autista. El neurólogo fue categórico “el autismo no tiene cura”…
Yo me dejé los ojos en internet estudiando las posibles causas y empecé a encontrar muchísima información sobre los tratamientos biomédicos y los niños recuperados de autismo. A partir de ese momento comenzó nuestra lucha por recuperar al niño de la enfermedad.
Daniel comenzó con dos años y medio el tratamiento biomédico. Los primeros resultados de los análisis enviados a distintas partes del mundo fueron devastadores: intoxicación por mercurio y aluminio (procedente de las vacunas), intolerancias alimentarias “brutales” (prácticamente todo lo que era base de su alimentación), graves desequilibrios de minerales, vitaminas y aminoácidos, sangre oculta en heces (de la gran inflamación del sistema gastrointestinal), metabolitos de bacterias y hongos, indicadores de inflamación crónica en el cuerpo. UN CAOS BIOQUÍMICO ABSOLUTO.
El autismo es una enfermedad muy grave y los niños necesitan ser tratados. Los síntomas, poco a poco, van revirtiendo a medida que el cuerpo remonta. Daniel ha mejorado muchísimo desde que empezamos el tratamiento, ya son dos años y hoy continuamos en la lucha por su recuperación total.
Es lamentable que las causas que provocan esta enfermedad, se encuentren ocultas entre los intereses de las grandes farmacéuticas. Está claro que no va a ser fácil que estas farmacéuticas reconozcan la relación causal entre autismo y mercurio. Imaginad las indemnizaciones que tendrían que pagar a las familias y el escándalo para la opinión pública. Entre tanto, miles de niños caen víctimas de esta pandemia silenciosa y lo más penoso de todo, la medicina convencional no trata los efectos al no reconocer la causa, con lo cual, estos niños entran en un círculo vicioso enfermando más y más.
Yo conozco personalmente a familias con hijos recuperados y puedo dar testimonio de que mi hijo también se recupera, lentamente, pero es un hecho. Por ello, a partir de ahora escribiré en este blog, mi objetivo es difundir el conocimiento que he ido adquiriendo en el manejo de esta enfermedad y dar esperanza a esas “madres guerreras”, que como yo, no se conforman viendo a sus hijos enfermos y que lucharán incansablemente para revertir la enfermedad. No se trata de la panacea, ya que es una enfermedad muy grave y multifactorial, los tratamientos exigen un alto coste personal y económico, pero poco a poco los niños mejoran y si algo funciona con otros, porqué no intentarlo?.
Un fuerte abrazo y que la fuerza os acompañe!!
Lydia
Dejar un comentario
Tu deberías estar Logueado para postear un comentario.